No sin mi gorra
Lamento no poder precisar la fecha del siguiente recorte extraído de La Razón:

Por favor, un poco de seriedad que de estas cosas no debe uno reírse; a fin de cuentas caerse de un tejado al intentar coger una gorra es algo de lo más normal que puede pasarnos a todos, más aún en pleno furor etílico. Y por otro lado hay que comprender que los señores sudamericanos son ante todo gente cortés y elegante que tiene un enorme apego a su gorra, visera o gorrito de punto, complementos de los que no se desprenden bajo ninguna circunstancia, ya que prefieren ir desnuditos por la calle (algo que más o menos todos hemos podido comprobar) que descubrir su hirsuto, azabacheado y brillante cacumen, de manera que no debe extrañarnos el desapego a la propia vida con tal de recuperar su gorra: era una cuestión de principios.
Y ya que nos ponemos hablar de ecuatorianos, y como es probable que muchas noticias sobre reyertas y asesinatos de este fin de semana no logren superar el filtro censor de los medios, comento un par de ellas brevemente:
- En las noticias de las dos y media de Telecinco del domingo, esas que presenta Milhouse, se aludió brevemente a una multitudinaria pelea a botellazos (al más puro estilo incaico) ocurrida el sábado entre ciudadanos inframericanos en el Parque del Oeste con resultado de dos orejas cortadas y salida a hombros del juzgado de guardia. Pero la noticia ha desaparecido misteriosamente de todas partes.
- Un ecuatoriano se adelanta a las Fallas y, haciendo uso de una catalítica que tenía a mano, se chamusca junto a su catre de gomaespuma en un divertido espectáculo pirotécnico que alegró la noche a sus decenas de compañeros de piso y al resto de vecinos del barrio. Los Bomberos se encargaron de indultar a tres ninots-bombonas de butano, que los chamacos pretendían detonar a modo de mascletá final.
Y mañana más, claro. Que no pare la fiesta.
Sigue así, que no decaiga.
Claro que no hay que reirse. Ademas, para el la diferencia de altura es mayor y la caída tiene peores consecuencias.
Yo en lo que pienso es si sus compatriotas ebrios bajarían a ayudarle, o bien se descojonarían al contemplar la plasticidad del golpe.
Chaval, te sales.